Aprovecho
un respiro en mi rutina diaria para reconocer el talento de algunas
personas que se han cruzado por mi vida y me hacen sentir la
necesidad de que estoy en deuda con ellas:
María
José Viz Blanco, mi talentosa tía, una escritora tenaz y valiente
que vuelve a sorprenderme con su sensibilidad en su reciente libro
“Los abrazos líquidos”. Quisiera compartir con vosotros la
gratitud permanente que siento hacia ella, por darme aliento en mis
proyectos personales y por compartir con generosidad sus emociones
conmigo y con todos sus lectores.
Txantxu,
cantautor y músico reconocido, lo conocí por casualidad en una de
sus múltiples facetas, y le faltó tiempo para regalarme un ejemplar
de su último disco “Nómadas”. Espléndido repertorio de
canciones que ha de tener su recorrido en el panorama musical español
por su calidad y por la intensidad de sus directos. Yo quedé en
regalarle un ejemplar de “El Penefactor”, y por circunstancias de
la vida le perdí la pista en uno de sus traslados a Madrid. Ni
siquiera tuve tiempo de torturarle con la lectura de mi
“inconmensurable obra” y tampoco tuve la oportunidad de
reconocerle la valentía de creer en sí mismo. Espero que le vaya
bien en todos sus proyectos.
Ambos
ejemplos de perseverancia me invitan a reflexionar, o a protestar
enérgicamente por los obstáculos que encuentra la creación
artística en esta supuesta sociedad del “conocimiento”, por esa
absurda notoriedad de ciertos fenómenos mediáticos actuales en
detrimento de perspectivas culturales más amplias, Y en ese sentido
evito dar nombres para no contribuir a la espesa niebla de bobadas
que alumbra el panorama político mundial y la creación artística
en particular, porque a este paso, sin ninguna duda, en unos años
todos tontos, y por supuesto, sin el menor esfuerzo.
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