
Cualquiera
que haya acudido a alguna manifestación que otra sabrá lo complicado que es
movilizar al personal, no en vano somos vagos por naturaleza y nos gusta más manifestarnos
en la barra del bar que ir chillando por ahí con gente que ni siquiera
conocemos. De hecho no protestamos por casi nada, preferimos aguantar y dejarle
el trabajo sucio a esos grupos que sí que están organizados, y sólo cuando la
cosa tiene buena pinta nos subimos al carro de la movilización.
Bueno,
pues aquí en España al son de la cantinela de “que no hay dinero”, ha comenzado
un proceso de empobrecimiento general que parece no importarle al conjunto de
los españoles, o por lo menos no lo suficiente como para movilizarse de manera
masiva, quizás ha calado la idea de que no hay alternativa y de que pronto
saldremos del agujero con esta dichosa política de austeridad. En fin, que si
sólo fuera cuestión de fe aún tendría un pase tal inacción, pero lo malo es que
la pobreza viene para quedarse y es probable que aquellos que miran para otro
lado acaben dándose cuenta del engaño, entonces ni San Pedro, ni la madre que
lo parió, tendrá excusa para quedarse en su casa con los brazos cruzados.